Manchakuypi Kay

"Tell the king the sky is falling"

Con un virtual soplamocos político en la cara, Heredia comprendió amargamente que el sentido de “consenso” es más amplio que el que ella y su cónyuge deciden lavándose los dientes en el baño de su casa.

Publicado: 2014-07-20

“Marisol ya comprendió que su rol de vicepresidenta obstaculizaría un eventual desempeño como presidenta del Congreso”, dijo Ollanta Humala. Lo que no dijo es que, de la misma forma, Nadine ya comprendió que la candidatura de Ana María Solórzano a la presidencia del Congreso es el principio del fin. Para más señas, del suyo.

Con un virtual soplamocos político en la cara, la señora Heredia ha comprendido amarga y dolorosamente que el sentido de “consenso” es un poco más amplio que el que ella y su cónyuge deciden lavándose los dientes en el baño de su casa. Pues la “candidata de consenso”, o sea Solórzano, o sea la candidata de Nadine Heredia y Ollanta Humala, era la que menos consenso tenía. Por eso sufrió hasta última hora para ser “ratificada” ayer por la tarde. Los ruegos del presidente fueron decisivos para no dejar mal parada a su esposa. Una victoria pírrica para el dúo de marras. Pero el golpe para Heredia es contundente. Lo cierto es que, a la presidenta del partido, el partido se atrevió a decirle ‘¡no!’. En otras palabras, de aquí en adelante su liderazgo está en tela de juicio.

El poder es un fenómeno complejo que hay que saber calibrar muy bien para ejercerlo. La legitimidad es la clave de todo porque es la fuente del poder y determina su intensidad. El poder de Nadine Heredia tiene dos fuentes. La primera es la de su esposo, que es el presidente de la República. La segunda es la de ella misma.

Así, en el primer caso, si ella tiene poder, es no solo porque es la más cercana al jefe del Estado, sino porque es la que mayor influencia tiene en sus decisiones políticas, de tal modo que, si la legitimidad de su esposo decrece, la de ella también.

Estamos en el penúltimo año de gobierno de Ollanta Humala. Esto significa que el presidente está por irse a su casa junto con su esposa. Por lo general, casi todos los presidentes salen por las patas de los caballos ante el desbande general de sus correligionarios en busca de otro potro al cual subirse para seguir en carrera electoral. Ello implica que, mientras más cerca estén las manecillas del reloj del 28 de julio de 2016, menos poder tendrá el presidente y, por lo tanto, menos poder tendrá su esposa. Es un hecho que en todo el mundo la legitimidad de los “patos rengos” es muy limitada. En el Perú aún más.

Le queda a Nadine Heredia el caudal político de su propia legitimidad. Esta se basa en su aprobación pública. Cuando era ama y señora de las encuestas, tenía mucha y, por lo tanto, también mucho poder personal. Hoy las cosas han cambiado, de tal modo que la legitimidad de su poder personal se ha diluido en proporción exacta a la de su marido. En simple, ahora tiene menos poder que antes.

De ahí que no llame la atención que su “liderazgo” en el “partido” empiece a ser desafiado abiertamente. Impuesta por su esposo a dedo y ella misma cuesta abajo en la rodada de la popularidad, lo que sí resulta sorprendente es que tanto ella como su marido no se hubiesen dado cuenta de que las cosas ya no volverán a ser como antes, cuando las órdenes de Palacio se cumplían sin dudas ni murmuraciones. Los maltratos empiezan a pasar factura. Y los dos recién han cobrado conciencia de que la cuenta es alta y el crédito escaso.

Así, como con Marisol, Humala también debió haber comprendido que el rol de esposa y primera dama obstaculizaría un eventual desempeño como “presidenta” del “partido”. Le habría ahorrado a su pobre señora el trago amargo de haber tenido que lloriquear para que no la dejen políticamente en la calle.


Escrito por

Ricardo Vasquez Kunze

Abogado por la Pontificia Universidad Católica del Perú. No tiene maestrías porque hoy todo el mundo las tiene. Tampoco doctorados.


Publicado en